La inversión global en transición energética alcanzó un máximo histórico de 2,3 billones de dólares en 2025, lo que representa un crecimiento interanual del 8%, según el informe Energy Transition Investment Trends publicado por BloombergNEF (BNEF).
Por segundo año consecutivo, los flujos de capital destinados a la oferta de energía limpia superaron a los dirigidos a los combustibles fósiles, consolidando una tendencia estructural en el sistema energético mundial.
La brecha entre ambos tipos de inversión se amplió hasta los 102.000 millones de dólares, frente a los 85.000 millones registrados en 2024, en un contexto marcado por tensiones geopolíticas, disrupciones en las cadenas de suministro y una aceleración desigual de la transición energética entre regiones.
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Primera caída de inversiones desde 2020
Mientras los recursos destinados a tecnologías limpias continuaron creciendo, el informe señala que la inversión en la oferta de combustibles fósiles se redujo por primera vez desde 2020, con una caída de 9.000 millones de dólares respecto al año anterior.
Esta disminución estuvo impulsada principalmente por una menor asignación de capital a la exploración y producción de petróleo y gas, así como a la generación de energía fósil.
De acuerdo con BNEF, el gasto en exploración y producción de petróleo y gas retrocedió en 9.000 millones de dólares, mientras que la inversión en generación fósil cayó 14.000 millones de dólares, una tendencia que solo fue parcialmente compensada por mayores desembolsos en proyectos vinculados al gas y al carbón.
Estos datos reflejan un cambio gradual en las prioridades de inversión, en un escenario en el que los riesgos regulatorios, financieros y reputacionales asociados a los activos intensivos en carbono ganan peso en las decisiones de capital.
Pese al volumen récord alcanzado en 2025, BNEF advierte que el ritmo de crecimiento de la inversión en transición energética muestra una desaceleración progresiva.
Tras un incremento del 27% en 2021, el crecimiento se moderó hasta el 8% en 2025, evidenciando los desafíos que enfrenta el despliegue de tecnologías limpias a gran escala.
Este menor dinamismo responde a una combinación de factores, entre ellos la incertidumbre regulatoria en mercados clave, el aumento de los costos de capital y las tensiones geopolíticas que afectan tanto a la oferta de materiales críticos como a las decisiones de inversión a largo plazo.

Lidera la electrificación del transporte
En un año caracterizado por la volatilidad económica global, las tecnologías limpias vinculadas a la electrificación concentraron la mayor parte de los recursos.
El transporte electrificado fue el principal destino de inversión, con 893.000 millones de dólares, destinados tanto a la fabricación de vehículos eléctricos como al desarrollo de infraestructura de recarga, lo que supone un crecimiento del 21% respecto a 2024.
Este impulso confirma el papel central del sector automotor en la transición energética, con inversiones estratégicas en nuevas fábricas de baterías, cadenas de suministro y plataformas de movilidad eléctrica, especialmente en América del Norte, Europa y Asia.
Las energías renovables ocuparon el segundo lugar en volumen de inversión, con 690.000 millones de dólares, seguidas por los sistemas de redes eléctricas, que captaron 419.000 millones de dólares.
Sin embargo, el informe destaca que, pese a su relevancia, la inversión en renovables cayó 9,5% interanual, afectada principalmente por cambios regulatorios e incertidumbres en el mercado energético de China, el mayor inversor mundial en este segmento.
La expansión y modernización de las redes eléctricas continúa siendo un componente crítico para habilitar la integración de fuentes renovables y la electrificación de la demanda, especialmente en economías emergentes y mercados en rápida urbanización.
Hidrógeno y nuclear enfrentan dificultades
El reporte de BNEF también muestra que el hidrógeno y la energía nuclear mantuvieron una tendencia de menor atracción de inversiones, ya observada en ediciones anteriores del informe.
En 2025, el hidrógeno recibió 7.300 millones de dólares, mientras que la energía nuclear concentró 36.000 millones de dólares, cifras que reflejan desafíos persistentes en términos de costos, escalabilidad y marcos regulatorios.
A pesar del interés estratégico que estas tecnologías despiertan en los planes de descarbonización de largo plazo, su desarrollo sigue condicionado por la necesidad de políticas públicas más claras, mecanismos de financiamiento estables y señales de mercado que reduzcan el riesgo para los inversionistas.

Señal clara para mercados energéticos globales
El informe Energy Transition Investment Trends de BloombergNEF confirma que la transición energética ha alcanzado un punto de madurez en términos de volumen de inversión, superando nuevamente a los combustibles fósiles.
No obstante, también evidencia que el desafío ya no es solo movilizar capital, sino sostener tasas de crecimiento suficientes para cumplir con los objetivos climáticos globales.
En un entorno de creciente presión regulatoria y expectativas de los mercados financieros, el comportamiento de la inversión en 2025 refuerza la necesidad de políticas coherentes, estabilidad normativa y estrategias industriales que permitan acelerar el despliegue de tecnologías limpias a escala global.
2026 como año de consolidación
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