El desequilibrio energético de la Tierra alcanza un nivel récord y acelera el calentamiento global

El planeta se está calentando a un ritmo sin precedentes. Por décadas, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) causadas por la actividad humana se han acumulado en la atmósfera, atrapando niveles cada vez mayores de calor.

La asimetría resultante entre la energía solar entrante y la energía radiada de vuelta al espacio, conocida como «desequilibrio energético de la Tierra», constituye una medida directa del grado en que los seres humanos están alterando el sistema climático del planeta.

Este desequilibrio está creciendo y, en 2025, su promedio decenal alcanzó un nivel récord, lo que indica que las temperaturas globales podrían aumentar a tasas aún más elevadas en el futuro.

Esta es una de las conclusiones principales del último informe «Indicadores del Cambio Climático Global» (IGCC), publicado en la revista Earth System Science Data.

El informe, que ya alcanza su cuarta edición, ha sido elaborado por más de 70 científicos de 56 instituciones en 17 países, y sus hallazgos están diseñados para llenar el vacío entre los informes científicos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), que se publican cada 5 a 7 años.

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Las emisiones de GEI siguen en niveles históricamente altos

Las emisiones globales de GEI continúan aumentando, principalmente como resultado del uso de combustibles fósiles, aunque la deforestación, la agricultura y los procesos industriales también desempeñan un papel importante.

En la década más reciente (2015-2024), las emisiones alcanzaron el equivalente a 54.600 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (GtCO₂e) por año. En 2024, el año más reciente del que se dispone de datos completos, las emisiones llegaron a 56.800 millones de toneladas (56,8 GtCO₂e).

Estas emisiones han elevado los niveles atmosféricos de CO₂, metano y óxido nitroso. En 2025, las concentraciones de estos gases alcanzaron 425,6 partes por millón (ppm), 1.936,3 partes por mil millones (ppb) y 339,4 ppb, respectivamente, lo que representa un aumento del 3,8%, 3,8% y 2,2% , respectivamente, desde los niveles de 2019 reportados en el sexto informe de evaluación del IPCC (AR6).

Al mismo tiempo, la disminución de las emisiones de aerosoles como el dióxido de azufre, en parte como resultado de los esfuerzos para combatir la contaminación del aire, está aumentando el desequilibrio energético de la Tierra. Esto se debe a que los aerosoles tienen un efecto de enfriamiento sobre el clima, que contrarresta el calentamiento provocado por el CO₂ y otros gases de efecto invernadero. 

Abordar el dióxido de azufre sigue siendo fundamental porque el daño inmediato a la salud y al medio ambiente que causan supera con creces su efecto de enfriamiento a corto plazo.

El desequilibrio aumenta a un ritmo acelerado

El desequilibrio energético de la Tierra ha sido reconocido durante mucho tiempo como un indicador clave de cómo el clima está siendo afectado por las actividades humanas. Sin embargo, solo en las últimas décadas los científicos han podido registrar cambios de temperatura lo suficientemente profundos en el océano para cuantificarlo con precisión.

El desequilibrio energético mide la rapidez con que se acumula el calor excedente en cada parte del sistema terrestre, principalmente en el océano, pero también en la tierra, el hielo y la atmósfera. A través de esta acumulación de calor, el desequilibrio influye en la tasa de aumento del nivel del mar y el deshielo en todo el mundo, así como en el aumento de la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos, como tormentas, inundaciones y sequías.

Sin la influencia humana, el desequilibrio energético de la Tierra sería cercano a cero. Pero, a medida que las emisiones de GEI se han acumulado en la atmósfera, el desequilibrio ha crecido desde la década de 1970.

Los aumentos recientes del desequilibrio energético han superado las proyecciones realizadas por los modelos climáticos, lo que indica que el planeta podría experimentar un calentamiento mayor al esperado en el futuro.

El desequilibrio se encuentra ahora en un nivel récord, habiéndose más que duplicado en las últimas dos décadas. Ha aumentado aproximadamente 40% desde 2019, pasando de un promedio de 0,79 vatios por metro cuadrado (W/m²) en el período 2006-2018, según el IPCC AR6, a 1,12 W/m² en el período 2013-2025.

El aumento de la temperatura global

El calor excedente que se acumula en el sistema climático a causa del desequilibrio energético está elevando las temperaturas globales a un ritmo récord de 0,27 °C por década.

Se estima que el calentamiento inducido por el ser humano, la cantidad de aumento de la temperatura superficial global atribuible tanto a los efectos directos como indirectos de las actividades humanas, alcanzó 1,37 °C en 2025, una cifra que ha aumentado desde 1 °C en 2017, según lo reportado en el IPCC AR6.

Si bien la variabilidad natural del sistema climático, como los fenómenos de El Niño o La Niña, también puede influir en las temperaturas año tras año, la tendencia al alza que se observa está siendo impulsada por el desequilibrio persistente en la energía.

Se espera ahora que las temperaturas globales superen el límite de 1,5 °C establecido por el Acuerdo de París en torno al año 2030, lo que es significativo, porque 1,5 °C ha sido identificado como la línea divisoria crítica entre los riesgos climáticos manejables y los daños catastróficos, potencialmente irreversibles, para los ecosistemas globales y las sociedades humanas.

El calor se acumula en todo el sistema terrestre

Si bien el calor se acumula en todo el sistema terrestre, no se distribuye de manera uniforme por todo el planeta. Desde la década de 1970, alrededor del 90% de este calor ha sido absorbido por el océano, lo que afecta a los ecosistemas marinos, los patrones de circulación oceánica, el aumento del nivel del mar y los fenómenos climáticos extremos.

Por ejemplo, el número de días de olas de calor marinas, períodos de temperaturas de la superficie del mar inusualmente altas, se ha más que triplicado a nivel mundial desde principios de la década de 1990. Solo en 2025 se registraron 65 días de olas de calor marinas, lo que significa que ocurrieron, en promedio, más de un día a la semana.

Mientras tanto, la criosfera, la porción de la Tierra compuesta por agua congelada, incluidos glaciares, capas de hielo y permafrost, está experimentando una pérdida generalizada de hielo y deshielo en respuesta al creciente desequilibrio energético, lo que afecta a los ecosistemas, al aumento del nivel del mar y a las infraestructuras en las regiones polares y de alta latitud.

El calentamiento rápido también ha provocado temperaturas extremas récord en tierra, con temperaturas máximas promedio para cualquier día en el período 2016-2025 alrededor de 1,92 °C por encima de los niveles preindustriales, y supone un aumento de casi medio grado en comparación con la década anterior (2006-2015).

El nivel del mar y el desequilibrio energético

El aumento del nivel del mar proporciona una de las señales a largo plazo más claras de un planeta cambiante, y está estrechamente vinculado al desequilibrio energético de la Tierra, ya que a medida que el calor se acumula en el océano, el agua se expande, elevando el nivel del mar.

Mientras tanto, el calentamiento de la tierra y la atmósfera añade agua a los océanos a través del deshielo de glaciares y capas de hielo, lo que también contribuye al aumento de dichos niveles.

A largo plazo, los niveles del mar han estado aumentando, en promedio, a un ritmo de alrededor de 1,8 mm por año desde 1901, totalizando un récord de 23 cm en 2025, lo que incrementa el riesgo de inundaciones costeras, erosión y pérdida de hábitat en muchas zonas bajas de todo el mundo.

El aumento del nivel del mar se está acelerando, en consonancia con la subida observada en el desequilibrio energético de la Tierra. En el período 2006-2025, los niveles del mar han aumentado a un ritmo de 3,67 mm por año, más del doble de la tasa de 1,69 mm por año observada en el período 1976-1995.

El panorama general

A pesar de que las emisiones de GEI no están subiendo tan rápidamente como en la década de 2000, los hallazgos del IGCC de este año continúan mostrando qué tan lejos y qué tan rápido está cambiando el clima debido a la actividad humana.

Se requiere un aumento significativo de los esfuerzos de descarbonización en la segunda mitad de esta década para frenar el ritmo del calentamiento causado por el ser humano y limitar la escalada de los riesgos e impactos climáticos.

La edición de este año del IGCC utilizó más de 40 conjuntos de datos globales producidos por equipos de investigación de todo el mundo, incluido el registro satelital de la NASA del desequilibrio energético de la Tierra y la red de flotadores de aguas profundas ARGO.

Sin embargo, varios programas de monitoreo a largo plazo podrían verse amenazados por decisiones de financiamiento tomadas por gobiernos de todo el mundo, más notablemente la administración Trump en Estados Unidos, señala el documento.

Los programas de medición locales y de globos meteorológicos en muchos países han disminuido en los últimos años, especialmente en África, el Pacífico occidental y América del Sur, lo que reduce la capacidad de los científicos para monitorear y comprender los indicadores clave del cambio climático.

La continuidad e integridad de las observaciones climáticas que los científicos utilizan para comprender cómo está cambiando el clima depende de la coordinación efectiva y sostenida por parte de organizaciones internacionales, como el Sistema Mundial de Observación del Clima, la Organización Meteorológica Mundial y el Programa Mundial de Investigaciones Climáticas.

Sin estos datos y su coordinación, las evaluaciones futuras serán mucho más difíciles en un momento en que se necesita una acción climática urgente, concluye el informe.


Autores del informe:

  • Prof. Piers Forster, profesor de física climática en la Universidad de Leeds y director del Priestley Centre for Climate Futures
  • Dra. Debbie Rosen, responsable de políticas en el Priestley Centre for Climate Futures
  • Dr. Matt Palmer, científico del Met Office Hadley Centre
  • Dra. Karina Von Schuckmann, asesora principal de ciencia oceánica para políticas en Mercator Ocean International

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