La sostenibilidad se ha consolidado como un tema central en las agendas corporativas de América Latina. Sin embargo, un reciente estudio elaborado por la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) de Chile en colaboración con la Asociación de Cámaras de Comercio Americanas en América Latina y el Caribe (AACCLA), dependiente de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos (US Chamber of Commerce), revela tanto los avances significativos como las profundas brechas que persisten en la integración de estas prácticas en la estrategia de negocio de las empresas de la región.
El informe, titulado “Estrategias integradas de sostenibilidad empresarial en América Latina” analiza a 355 empresas que operan en 11 países donde la AACCLA tiene presencia: Perú, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Uruguay y Venezuela.
El estudio se enfoca en dos pilares fundamentales para evaluar la madurez de las organizaciones en esta materia: el grado de institucionalización de la sostenibilidad dentro de las compañías y el nivel de apertura hacia los grupos de interés o stakeholders.
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Percepción de riesgos: una alerta generalizada
Uno de los hallazgos más reveladores del estudio es la elevada percepción de riesgos que las empresas tienen sobre el futuro. En un contexto global marcado por la inestabilidad, los directivos consultados anticipan impactos predominantemente negativos en sus negocios.
Mientras que la corrupción (71%), el crimen organizado (69%) y la ciberseguridad (68%) encabezan la lista de preocupaciones, los riesgos ambientales escalan posiciones con una contundente cifra: el 61% de las empresas anticipa impactos negativos en su negocio derivados del cambio climático y los desastres naturales.
Esta cifra sitúa a los riesgos ambientales físicos al mismo nivel de preocupación que los riesgos institucionales y de seguridad, un cambio de paradigma que evidencia cómo la crisis climática ha pasado de ser una consideración de nicho a una variable crítica para la estabilidad y continuidad de los negocios.

Gobernanza y políticas
El estudio presenta un panorama mixto en cuanto al gobierno corporativo de la sostenibilidad. En el lado positivo, la mayoría de las empresas participantes cuenta con políticas de sostenibilidad y presupuestos dedicados a estas áreas.
De manera destacada, el 70% de las compañías afirma que aborda la sostenibilidad a nivel de directorio, lo que demuestra un creciente reconocimiento de la relevancia estratégica del tema por parte de los máximos órganos de gobierno.
Sin embargo, este avance no es homogéneo y deja ver importantes debilidades estructurales. Un 23% de las empresas aún carece de estructuras formales de gobernanza para la sostenibilidad, lo que puede derivar en acciones aisladas o carentes de una dirección estratégica clara.

Además, la investigación detectó una “brecha crítica entre intención y acción”: aunque el 91% de las juntas directivas impulsa la sostenibilidad y el 77% cuenta con una alta dirección involucrada en la revisión de sus objetivos estratégicos, solo un 44% realiza un seguimiento continuo de los impactos sociales y ambientales de su negocio.
Esta desconexión se ve reflejada también en los sistemas de incentivos, ya que más de la mitad de las empresas (52%) aún no incluye criterios socioambientales en la compensación variable de sus ejecutivos.

Cuatro enfoques frente a la sostenibilidad
El análisis no solo cuantifica, sino que también tipifica, y las 355 empresas participantes presentan una amplia heterogeneidad en la forma de integrar la sostenibilidad.
El estudio identifica cuatro enfoques organizacionales claramente diferenciados:
- Normativo (44%): La categoría más numerosa. Estas compañías poseen políticas y estructuras formales, pero suelen carecer de una apertura significativa hacia sus stakeholders, operando de manera más interna y reactiva.
- Estratégico (31%): Estas empresas se caracterizan por tener altos niveles tanto de institucionalización de la sostenibilidad como de apertura al entorno. Este enfoque es el que se asocia con el mejor desempeño, tanto en sostenibilidad como en resultados financieros.
- Prudente (15%): Muestran una baja institucionalización interna, pero mantienen una alta apertura hacia los grupos de interés.
- Táctico (10%): Es el grupo con los niveles más bajos en ambas dimensiones, reflejando un enfoque reactivo o de mínimos.
La integración estratégica de la sostenibilidad no es solo una cuestión de responsabilidad corporativa, sino un motor clave de la competitividad, señala el informe.
Las empresas que logran alinear una alta integración con una genuina apertura a sus stakeholders tienden a alcanzar mejores resultados en sostenibilidad y, al mismo tiempo, un desempeño financiero superior.

Reportes y casos de éxitos
La cultura del reporte de sostenibilidad está ganando terreno en la región. El 73% de las empresas participantes publica reportes de sostenibilidad, un porcentaje significativo que indica una voluntad general de rendir cuentas. Sin embargo, la calidad y la profundidad de esta información son desiguales.
Los reportes tienden a enfocarse en métricas visibles y, con frecuencia, omiten impactos negativos o planes de mitigación detallados. Además, solo la mitad de las empresas que reportan recurre a una verificación externa, lo que limita la credibilidad y la comparabilidad de la información.
Esta debilidad en la transparencia abre la puerta a riesgos de blanqueo ecológico o greenwashing y reduce la confianza de los inversores y otros grupos de interés.

Por otra parte, el informe no se limita a señalar deficiencias, sino que también destaca buenas prácticas a través de casos de estudio de dos empresas: DHL y Brambles, que son presentadas como ejemplos de liderazgo en la implementación de iniciativas de sostenibilidad en la región.
Los autores del estudio, Magdalena Aninat, directora del Centro Futuros Empresariales de la UAI, y Esteban Koberg, director del Magíster en Negocios Sostenibles de la misma casa de estudios, subrayan que la institucionalización y la apertura son las claves para una verdadera integración.
“No basta con políticas; se requiere que la sostenibilidad esté incorporada en la cultura, los procesos y la toma de decisiones estratégicas”, señaló Aninat. Por su parte, Koberg advirtió sobre la débil integración en los sistemas de incentivos: “Si los líderes no están evaluados ni recompensados por estos resultados, difícilmente los priorizarán”.
El estudio concluye con una hoja de ruta que incluye fomentar incentivos para empresas no reguladas, robustecer los marcos de reporte y divulgación, y avanzar en taxonomías comunes que prevengan el greenwashing.
En un contexto de creciente complejidad y crisis climática, la sostenibilidad deja de ser una opción para convertirse en el mejor seguro contra la incertidumbre y un pilar fundamental para la resiliencia económica de América Latina.
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